La cocina internacional de Mikel Otaegui y la arquitectura que hemos creado en NAIA son indisolubles con la idea de malla, son ella misma. Materializan relaciones que el espacio dibuja, vinculando y disgregando los dos mundos.

El proyecto cualifica y genera determinados espacios, y niega otros. Este nivel de distribución interna remite a una organización mallada destinada a favorecer la cocina, es decir una mayor capacidad de ser flexible entre el cliente y el espacio de trabajo.

Se ha diseñado la imagen corporativa, proyectado la malla, diseñado el mobiliario, estudiado la luz e iluminación, siendo ésta última capaz de tensar el espacio y de hacerlo visible como un lugar; esperamos que mágico.

Desde mt estudio de arquitectura y diseño ha sido un lujo trabajar con Mikel.

La clave de que hayamos disfrutado en el proceso de la construcción de Naia, creo que ha sido producto de la técnica, la sensibilidad y me atrevo a decir exquisitez del espíritu, sustentado sólo por una fuerte motivación conjunta: pasión por el trabajo.